domingo 17 de mayo de 2009

Murio Mario Benedetti .

El escritor y poeta uruguayo Mario Benedetti murió en su domicilio de Montevideo a los 88 años de edad, a once días de haber recibido el alta médica por una enfermedad intestinal crónica Página/12

Chau número tres *
Te dejo con tu vida
tu trabajo, tu gente
con tus puestas de sol
y tus amaneceres.

Sembrando tu confianza
te dejo junto al mundo
derrotando imposibles
segura sin seguro.

Te dejo frente al mar
descifrándote sola
sin mi pregunta a ciegas
sin mi respuesta rota.

Te dejo sin mis dudas
pobres y malheridas
sin mis inmadureces
sin mi veteranía.

Pero tampoco creas
a pie juntillas todo
no creas nunca creas
este falso abandono.

Estaré donde menos
lo esperes
por ejemplo
en un árbol añoso
de oscuros cabeceos.

Estaré en un lejano
horizonte sin horas
en la huella del tacto
en tu sombra y mi sombra.

Estaré repartido
en cuatro o cinco pibes
de esos que vos mirás
y enseguida te siguen.

Y ojalá pueda estar
de tu sueño en la red
esperando tus ojos
y mirándote.

* Incluido en "Poemas de otros" (1973-1974), de Mario Benedetti.

viernes 1 de mayo de 2009

La señora del canto pampeano . Por Karina Micheletto

A LOS 70 AñOS, MURIO LA FOLKLORISTA SUMA PAZ
La señora del canto pampeano

Su intención fue seguir la carrera de Filosofía y Letras, pero terminó transitando el camino de Atahualpa Yupanqui: la calidad y calidez de su interpretación la hicieron brillar aun en los festivales donde se suele premiar lo explosivo.

Por Karina Micheletto

En la madrugada de ayer murió la señora del canto pampeano. Era una de las fundamentales, y por eso su voz, que era capaz de lo profundo, contenedora de la sabiduría que dan los años, pasó inadvertida por las grandes usinas del marketing. Fue lo de menos: silenciosamente, Suma Paz siguió haciéndose oír fuerte hasta su muerte, que nadie podría haber advertido cercana, al verla recorrer kilómetros y kilómetros con energía para dar recitales en tantos puntos del país.
Fue una artista que asumió a su modo aquella sentencia que le había legado Atahualpa Yupanqui y que siempre repetía: “Cuando cante, póngase detrás de sus versos, nunca adelante. Haga que se luzca lo que entrega, que es más importante que usted”.

En la madrugada de ayer murió la señora del canto pampeano. Era una de las fundamentales, y por eso su voz, que era capaz de lo profundo, contenedora de la sabiduría que dan los años, pasó inadvertida por las grandes usinas del marketing. Fue lo de menos: silenciosamente, Suma Paz siguió haciéndose oír fuerte hasta su muerte, que nadie podría haber advertido cercana, al verla recorrer kilómetros y kilómetros con energía para dar recitales en tantos puntos del país. Fue una artista que asumió a su modo aquella sentencia que le había legado Atahualpa Yupanqui y que siempre repetía: “Cuando cante, póngase detrás de sus versos, nunca adelante. Haga que se luzca lo que entrega, que es más importante que usted”.

Suma Paz falleció en una clínica de la ciudad de Buenos Aires, a los 70 años, a causa de una arritmia que derivó en un accidente cerebrovascular del cual no pudo recuperarse, según informaron sus familiares. Hacía pocos días había actuado en La Plata, en el Primer Festival Internacional de Folklore; estaba yendo seguido al estudio de Litto Nebbia, para grabar el que sería su próximo disco. Sola con su guitarra, Suma Paz dejó postales imborrables en escenarios festivaleros, tan propicios para el griterío y a veces tan poco dispuestos para la escucha feliz. En Cosquín, por ejemplo, aquella noche en que la lluvia insistía, y ella hizo frente al auditorio debajo del paraguas que le tendió el conductor Miguel Angel Gutiérrez. Fue un momento con algo de mágico, de esos que a veces regala la música cuando es buena y ofrecida con bondad.
Suma Paz nació en Santa Fe, pero pasó su adolescencia y juventud en Pergamino, por eso decía que sentía a Buenos Aires “como una madre adoptiva”. Siendo muy joven decidió cambiar un título universitario recién obtenido por la música y la poesía. Este giro total hacia el canto –y a la música pampeana, tradicionalmente interpretada por hombres– fue, según sus palabras, “algo extraordinario, una cosa del destino”.
Así lo explicaba en una entrevista publicada en este diario: “Yo me preparé toda la vida para ser otra cosa de lo que soy, nunca pensé ser una profesional de esto. Estudié para ser licenciada en Filosofía y Letras y tomé clases de guitarra y piano porque amaba la música, pero nada más. Un hermano mayor me guió por la senda de Yupanqui, a pesar de que él era músico de jazz. El camino se fue haciendo lentamente, sin que yo me diera cuenta. Por ahí alguien me escucha y me dice: vení a la radio y hacé una prueba. Me aceptan en esa prueba y me recomiendan para otra radio, y así. Una cosa extraordinaria: todo venía como si estuviera programado desde afuera de mi vida”. ¿Se impuso? “Sí. Pero se ve que estaba en mí, sin que yo supiera, la pampa, con su gravitación, el horizonte, el cielo abierto, las lejanías. Yo pasaba las vacaciones en la chacra de mi abuela en San Nicolás, andaba a caballo, escuchaba las primeras milongas de los peones. Todo eso estaba. Y todavía está.”

La carrera de Suma Paz comenzó en los ’60, como una suerte de rareza: una chica que cantaba milongas y se acompañaba con una guitarra. Raro. Una chica que interpretaba a Yupanqui, pero sobre todo que se imponía para sí la forma en que el autor de “El arriero” entendía su arte. Más raro. Enseguida empezó a aparecer en televisión, hizo una gira por Japón, condujo su propio programa de radio. Y siempre con Yupanqui como guía musical, ética y estética. “M’hija, en la vida del artista hay largas esperas, es necesario detenerse. El camino es largo, cuidado con los atajos, son cortos, son lindos, pero la van a llevar a otro lado”, le había dicho.

Como contó, había estudiado Filosofía y Letras, y charlar con ella era uno de esos gustos que da el ejercicio del periodismo. El suyo no era un tono docente ni catedrático. Era alguien que había reflexionado mucho sobre su arte y sobre el sentido de ejercerlo, y lo transmitía con esa seriedad, pero a la vez con mucha gracia. Algo que capta brillantemente el periodista y musicólogo René Vargas Vera en la biografía que publicó en 1995 –Suma Paz. Por la huella luminosa de Yupanqui– y que este año tenía previsto reeditar. Allí, el ritmo sabio y sencillo de Suma Paz para contar su vida, pero sobre todo para hablar de la música pampeana, es enriquecedor.
Además de los tres libros de poesía que editó, entre su nutrida discografía se destacan títulos iniciales como La incomparable Suma Paz (1960), Guitarra, dímelo tú (1961); Suma Paz La incomparable (1963), El arte de Suma Paz por el mundo, editado en Japón (1967); Las hondas raíces de Suma Paz (1980), y más acá en el tiempo, Canto de nadie (2000) y Parte de mi alma (2005), donde se animó a proponer algunas letras propias, aclarando que “de ninguna manera” se sentía cantautora.

Era una mujer coqueta, que manejaba con envidiable destreza tacos de varios centímetros y evadía declarar su edad. La cifra es sólo un dato biográfico: deberá decirse que vivió hasta el final como si tuviera muchos menos que los que declaraba. Dejó un nuevo disco casi terminado, con viejos temas y nuevos arreglos, una cantidad de presentaciones pendientes por distintos puntos del país, una biografía con planes de reedición ampliada. Dejó a muchos llorándola, sabiéndola con tanto aún para dar.
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miércoles 25 de febrero de 2009

Alemanía , Salta




Alemanía, con acento en la í, como lo pronuncian los salteños, es un hermoso pueblito de montaña que, olvidado en las clásicas rutas turísticas, aún conserva intactas sus historias de cuando pasaba el tren, de sus endemoniadas fiestas y de sus buscadores de oro. Imperdible.

Todo empezó con el ferrocarril

Ubicado a sólo 100 kilómetros de la capital salteña, Alemanía es hoy un pequeño pueblo casi fantasma (actualmente no viven en él más de 10 familias) que se encuentra entre la capital salteña y la vitivinícola ciudad de Cafayate.

Fue bautizado con el nombre del país europeo en honor a los obreros alemanes que dejaron su aliento en la construcción de un ramal que uniera la capital de la provincia con los valles Calchaquíes. Este pequeño paraje tuvo su época de gloria entre los años 1916 y 1920, cuando llegó el ferrocarril.

A tan sólo 17 kilómetros al Suroeste de la ciudad de Salta, se encuentra la localidad de Cerrillos, desde donde nacen dos ramales.
Uno es conocido mundialmente como Tren de las nubes (C-14).
El otro, no tan famoso, pero mucho más importante y antiguo que el anterior, es el C-13.
La construcción del ramal C-13 obedeció a la necesidad de conectar Salta con la red principal de trocha métrica construida por el Estado, lo que se logró en 1892.
Pocos años después, se vio la conveniencia de prolongar esta vía a través del fértil valle, lo que significó un importante beneficio para la población local y la producción agrícolaganadera. De la misma manera que el pasaje de la quebrada del Mojotoro permitió al ferrocarril acceder al valle de Lerma (Salta), el paso por la quebrada de Las Conchas posibilitaría al riel su ingreso a los valles Calchaquíes, con su principal asiento poblacional en Cafayate.
Hacia allí se dirigió entonces el esfuerzo del Ferrocarril Central Norte. Se estableció que su cabecera sería el pequeño poblado de Alemanía, a partir del cual se podía proseguir mediante diversos caminos hasta Cafayate, donde comenzaban a instalarse los primeros viñedos de uva torrontesa.
Entre los años de 1916 y 1920, Alemanía vivió un esplendor pocas veces visto en un pueblo de montaña.

El far west a la criolla

La construcción del ramal que la unía con Salta, y de todos los otros ramales que pronto vendrían y unirían las provincias del norte argentino con distintos puntos del trasandino país de Chile, hizo que cientos de personas se instalasen en el pequeño poblado para ser parte de la expansión del ferrocarril.

Se dice que las expectativas eran tales que el pueblo se había convertido en un verdadero far west, donde los contratistas y subcontratistas se hacían millonarios cada vez que firmaban un contrato para extender las líneas férreas (todo se hacía a mano y con cuadrillas de decenas de personas) y que las fiestas duraban días en los cuales se disparaban al aire cientos de balas de revólver. El vino en la zona era más fácil de conseguir que el agua potable.

Fue tal la locura y la diversión de aquellos años, que diversos buscadores de oro y plata que se encontraban en Bolivia y el Alto Perú comenzaron a llegar hasta el lugar para dedicarse enteramente al ferrocarril, el nuevo color que había tomado el oro en estas latitudes.

Y que prometía expandirse rápidamente fomentado por el gobierno nacional de aquel entonces.
Este crecimiento desmedido trajo consigo todo tipo de excesos, vicios y placeres mundanos que, rápidamente, le valieron la acusación al lugar y a sus pobladores de haber realizado un pacto con el diablo. Para muchos, Alemanía paso a estar “endemoniado”.

La guerra y la paz

El auge y los excesos llegaron a su fin cuando se desató la Primera Guerra Mundial y se paralizaron las obras.
Allí comenzó el ocaso. Los contratos para extender el tren fueron anulados y las expectativas y grandes inversiones comenzaron a buscar otros destinos.
Ya en 1920 se retomó la actividad ferroviaria, pero esto no benefició a Alemanía y nunca se llegó a concluir la proyectada línea a los valles Calchaquíes.
Sin embargo, los trenes continuaron arribando a Alemanía hasta 1971, fecha en que se interrumpió definitivamente el ramal Cerrillos-Alemanía. Pero ya no era lo mismo.
El pueblo pasó al olvido y quedó abandonado en el tiempo, como un pueblo fantasma. Son tantas las sensaciones que despierta este pueblo, que hoy los turistas pasan horas caminando por sus calles, su vieja estación y sus casas abandonadas mientras charlan con algunos de los pocos pobladores que aún quedan allí.
Hoy, a pesar de que la línea férrea se encuentra dañada por las crecientes de los ríos que la rodean, hay quienes dicen oír todavía las vibraciones de los rieles y el bullicio popular que ocasionaba por esos años la llegada del tren.
Y es cierto, hay lugares donde aún es posible creer en fantasmas.

Fuente:
http://www.welcomeargentina.com/
Por Pablo Etchevers

El último tren a Alemanía


El último tren a Alemanía

No se sabe a ciencia cierta si hay o no fantasmas en Alemanía, pero que los hay los hay.
De tanto en tanto, hay gente que cuenta haber visto cosas fabulosas y escuchado sonidos increíbles en estos lugares.
Por ejemplo, hay quienes juran haber escuchado a plena luz del día el ruido lejano de una locomotora jadeante que nunca llega.
Otros cuentan haber percibido el temblor del vecino puente de hierro ferroviario, como cuando un tren lo transitaba lentamente.
También los que aseguran que en determinadas noches se puede ver nítidamente la silueta de un viejo cambista haciendo señas, farol en mano, a un tren invisible. Y no faltan los que juran haber visto a veces de noche una locomotora inmensa que se mueve silenciosamente de un extremo a otro del andén, hasta que los gallos anuncian un nuevo día.
Alemanía guarda muchos misterios y leyendas. Ruidos de trenes, silbatos de locomotoras, cambistas que dirigen maniobras sobre rieles que hace 40 años no se usan, tañidos de una campana que hace décadas fue descolgada de la galería de la estación, aceleración de cochemotores y hasta galopes de aquellos caballos que arrastraban la galera de la mensajería que cubría el trayecto entre Alemanía, Cafayate y San Carlos.P
ero hay más: están los que dicen haber escuchado el telégrafo de la estación repiquetear reiteradamente tres puntos y tres rayas, como tratando que alguien escuche el SOS de un pueblo que agoniza. Porque Alemanía ya va quedando solamente en la memoria de los viejos ferroviarios, en las páginas de los diarios antiguos y en una que otra leyenda que alguien rescata.

Pero la fuente más confiable de todo lo que se dijo, se dice y lo que se contará de Alemanía, fue quizá doña Barbarita Lamas, una mujer que nació y vivió más de 60 en ese pueblo estación, y que murió hace unos 20 años, hasta que en los 70, cansada por las apariciones y los fantasmas, se mudó a Osma.Barbarita contaba que en una noche oscura en Alemanía, cuando estaba sentada a la puerta de su casa, escuchó clarito la llegada de una máquina a vapor. Cuando la pudo distinguir, vió que tiraba un furgón y dos vagones de pasajeros.
Por las ventanillas advirtió que estaban iluminados y que llevaban varias personas sentadas. "La presencia del tren me puso contenta -contó Barbarita- ya que pensé que el servicio entre Salta y Alemanía se había restablecido después de cinco años de abandono. Para mis adentros creí que la vuelta del ferrocarril nos devolvería la perdida prosperidad y alegría del pueblo".Barbarita vió pasar frente a su casa la modesta formación que finalmente se detuvo en el andén.
Quiso correr para ver los pasajeros que llegaban esa noche, tal como hacía cuando siendo niña observaba la llegada de los cochemotores y el rostro de cada viajero. Esta vez, la guagua que tenía en sus brazos le impidió correr hasta la estación, pero parada con la criatura apretada contra su pecho observó con alegría desde la distancia, el movimiento que se producía.
Vio como la gente subía y bajaba del tren hasta que finalmente un guarda hizo sonar el silbato anunciando la partida. De inmediato escuchó las tres campanadas de vía libre y de a poco la máquina comenzó a marchar y a alejarse lentamente de Alemanía rumbo a Cafayate. De pronto, Barbarita sintió algo extraño. La alegría le había hecho olvidar por un instante que los rieles terminaban pocos metros más adelante. Entonces pensó que pronto el tren se estrellaría contra la montaña y angustiada se quedó esperando el estruendo del acero contra la roca. Pasaron los segundos y sin embargo, el tren continuó resoplando hacia el Sur.
Barbarita continuó esperando la explosión, pero la locomotora siguió acelerando y alejándose hasta que finalmente se escuchó nítidamente un pitazo lejano y luego volvió el silencio.Al día siguiente, no sólo Barbarita caminó tras el tren imaginario. Más de cien pobladores intentaron encontrar los rastros de aquella misteriosa formación, pero todo fue en vano.
Y de los pasajeros que llegaron esa noche jamás se supo.
Algunos cuentan que los vieron valijas en mano perderse en la oscuridad de la noche alemanista.
Semanas después, angustiada por este acontecimiento y definitivamente harta de padecer apariciones de ultratumba, Barbarita resolvió mudarse a Osma y no volver nunca más a Alemanía. Sin embargo, no sabía que en el bello pueblecito escondido en el departamento de La Viña, la esperaban ansiosos muchos viejos fantasmas que residían en el yacimiento arqueológico de la zona. Pero esto ya es otra historia.

Por Luis Borelli
FUENTE: El Tribuno

miércoles 11 de febrero de 2009

Carta De Eduardo Nocetti , sobre la critica a Belen

"...Hay cosas inexplicables siempre y en cada lugar , pero lo de Belén (así nomás sin apellido) quedó en el recuerdo como la presencia más larga e insólita de este festival. La pregunta es: cómo le dan mas temas que a Bruno Arias! ya sabemos, cosas del bolsillo… en fin. La versión "pastelera" (mucho órgano sampleado) de "No Llores por mi Argentina" quedó en los anales del mal gusto.--"

Dudo mucho que quienes escribieron semejante cosa, tengan genitales como para leer esto; de contestarlo o publicarlo no hablemos. Los miserables y los imbéciles, nunca se dan por aludidos, como todos sabemos.
Por regla general, no suelo darle bola a este tipo de cosas, porque definitivamente hay cosas importantes en la vida, y esta decididamente no lo es.
Sin embargo, por el respeto que merecen los 700 y pico remitentes de mensajes de felicitaciones y alegría (sin contar los que se leyeron por Cadena 3) me veo en la obligación de decir algunas cositas.

Por ejemplo:
Es interesante que entre tanta felicitación haya alguna crítica, me resulta genial porque eso es lo que ayuda en el camino.
Pero, sería aún mas interesante que quien emite esa crítica, tuviera una mínima idea sobre quién es la persona sobre la que habla, o directamente, una mínima idea de lo qué decir.
No voy a remitir a la "emisora" a algunos de los cientos escolares carenciados a los que amadrina Belén, o a los 60 y pico viejitos del hogar de ancianos de Cosquín, que esperan todo el año la llegada de enero para que una artista, una cantante (una sola, dicho sea de paso) vaya a cantarles desde hace 10 años. Son "demasiado poca cosa" como para que su opinión cuente.
Pero sí puedo decir que no va a ser fácil encontrar sobre esta tierra alguien que pueda decir, demostrar, atestiguar, o cualquier otro "ar, que Belén haya pagado por algo que no sea leche para carenciados. Es probable que el comentario ese de "...las cosas del bolsillo.." haya partido de alguien que sí entiende de esas cosas y está acostumbrado a contar, medir, tasar y pesar. Y por ende, a vender.
Pero bueno, no es el caso de Belén. (dicho sea de paso, es posible recabar información de ella en www.belendenecochea.com.ar , como mucha gente sabe...)

Resulta igualmente interesante la cuestión de cómo se le dio a Belén tanto tiempo, porque evidencia la estupidez de un público que pidió otra, según consta en videos y demás.

Y con respecto a la canción que a medio mundo (indudablemente errado) le pareció fantástica, salvo a la cultísima editora de este boletín, bueno yo asumo los errores, ya que soy quien diseñó tal aberración.

En fin, decía Einstein que lo único ilimitado era la imbecilidad humana, así que... habrá que asumir eso y adaptarse. Pero, cuando a ella se suma la bajeza, estamos en problemas.
Y bueno, así están las cosas.

Sin mas, saludala/las muy atte
Eduardo Nocetti

P.D.1: consejito: además de intentar saber de qué se habla, siempre es prudente, en casos así, buscar ayuda: Un psicólogo, un cura/confesor, en fin, algo por el estilo.

P.D. 2: Si lo que querían eran unos mangos para publicar algo... lo hubieran pedido de otra manera... de todos modos... eligieron a la gente equivocada.

lunes 20 de octubre de 2008

Que es el MO.CA.SE

El MOCASE (Movimiento Campesino de Santiago del Estero) es una organización formada con el objetivo de reinvindicar los derechos de los campesinos, demuestra que aún en el siglo XXI se puede luchar solidariamente.
Ademas su ejemplo sirve para que nos demos cuenta de que hay una realidad muy distinta más alla de Buenos Aires .
El MOCASE agrupa unas ocho mil familias campesinas sobre 16 mil en toda la provincia. Su accionar está basado en la lucha por la tierra y el desarrollo de emprendimientos productivos autónomos, sostienen su estrategia de vida en la producción diversificada de algodón, ganado caprino y bovino para la producción de carnes, leches y quesos.
Hace años defienden la posesión de las tierras contra las pretensiones de accionistas mayoritarios, y de financieras que ostentan títulos de dominio de miles de hectáreas compradas a precio irrisorio durante la última dictadura militar Sus miembros cuentan de cárcel, persecusiones y hasta torturas. “Más nos aprietan, más nos unimos”, dicen.

El 4 de agosto de 1990, en Quimilí, se constituía formalmente el Movimiento Campesino de Santiago del Estero (MOCASE). Desde sus comienzos el MOCASE asumió como estrategia central la lucha por la tierra y por mejorar las condiciones de vida de las familias campesinas. El problema generalizado de tenencia precaria de la tierra por parte de los campesinos había generado un proceso de desalojos “silenciosos” en la medida en que no había conciencia sobre el derecho de posesión veinteañal y a la vez no estaban dadas las condiciones mínimas de organización para que las presentaciones ante la justicia o los reclamos ante el poder político tuvieran alguna posibilidad de éxito.
La constitución del MOCASE fue un punto de quiebre con esa situación preexistente, de modo que el silencio se fue convirtiendo en conciencia del derecho. Se promovió la organización para la autodefensa de los pobladores, se acompañó con el asesoramiento legal y la defensa jurídica correspondiente, se fue logrando una mayor visibilidad política y se amplió la articulación con otros sectores de la sociedad que se sintieron atraídos por esta lucha.
La estructura del MOCASE en sus inicios y hasta el 2001 estaba formada por organizaciones locales denominadas "Comisiones de Base" y por organizaciones de segundo grado constituidas por representantes de las organizaciones locales, que se denominaban "Comisión Central" o simplemente "Central".
También formaban parte del MOCASE varias cooperativas campesinas. En muchos casos un/a productor/a campesino/as podía ser miembro de la cooperativa de la zona y al mismo tiempo participar en la comisión de base de su paraje que a su vez envía representantes a la Central.

El MOCASE comenzó a tener repercusión a nivel nacional en 1998 durante el intento de desalojo de las familias campesinas del paraje La Simona. Máquinas topadoras de gran porte avanzaron sobre las posesiones de las familias, derribando a su paso árboles, cercos, y llegando hasta la viviendas. La autodefensa ejercida por los pobladores y la contención que les ofreció el MOCASE y un conjunto de organizaciones solidarias detuvo a las topadoras, que de otro modo y en otra época hubieran conseguido su propósito. La población resistió el desalojo pasando días y noches bajo una improvisada carpa de polietileno negro, dando lugar a lo que se denominó la carpa negra de La Simona.
En ese momento algunos medios de comunicación nacionales difundieron las imágenes de destrucción del bosque y de atropello a sus pobladores por todo el país, ayudando a extender la preocupación por las familias campesinas más allá de la frontera de Santiago del Estero.
Un año después el MOCASE organizó un Congreso denominado “Campesinos y campesinas unidos en la lucha por la tierra y la justicia”, que se llevó a cabo en la ciudad capital de Santiago del Estero.
La convocatoria para participar del Congreso incluyó a las organizaciones del MOCASE y a delegaciones campesinas invitadas para que pudieran compartir las jornadas y decidir su posible incorporación al MOCASE. También participaron delegaciones de otras provincias como la Asociación de Pequeños Productores del Noroeste de Córdoba (APENOC), la Unión de Pequeños Productores del Chaco (UNPEPROCH), la Asociación Civil Parque Pereyra, la Asociación de Productores Familiares de Florencio Varela, la Asociación de Pequeños Productores de la Puna, la Red Puna de Jujuy, el Consejo Kolla de Salta y pequeños productores de Catamarca y Corrientes. Los objetivos del Congreso se referían a: (...) “la necesidad de reflexionar sobre la situación del sector campesino en el contexto provincial y nacional, a partir de lo cual sería posible formular propuestas de políticas de desarrollo.
También se proponía revisar la estructura y funcionamiento del MOCASE de modo tal que se avanzara tanto en lo referido a la ampliación de su cobertura a toda la geografía provincial, como en su consolidación como organización democrática y representativa con nuevas y mejores formas de participación” (MOCASE, 1999)
El movimiento apunta a la construcción sin tiempo y sin apuro. Los campesinos saben que el futuro está en manos de sus hijos y por eso están muy atentos a su educación, en un sentido amplio de la palabra, que no solo incluye a la escuela formal. Se trata de una educación que promueve una lectura crítica de la realidad circundante, pero que también contempla el ejemplo que muestra que es posible juntarse para enfrentar y resolver los problemas comunes, superar el individualismo y la persecución de ventajas personales por un modo de vida comunitario, participativo y democrático

Fuente:http://www.taringa.net/posts/info/839287/%C2%BFQu%C3%A9-es-el-MOCASE.html

martes 14 de octubre de 2008

Historia de la Zamacueca

Historia de la Zamacueca

ZamacuecaDe Wikipedia, la enciclopedia libre

La zamacueca limeña es un estilo musical Limeño y un baile de pareja suelta, en el que se representa el asedio amoroso de una mujer por parte de un hombre. Proviene de la terminología de "zamba "clueca" en alusión a aquél asedio, similar al que efectúan los gallos a las gallinas. Esta terminología probablemente nace apartir de la conjunción y mestizje de los bailes de los esclavos negros y los gitanos durante la inspirada afición que existía por la Pelea de Gallos en el Virreinato del Perù, sobre todo en Lima y la costa norte del Perú.
La Zamacueca clásica, también conocida por Canto de Jarana o Marinera Limeña. Se suele finalizar a manera de fuga con la conocida Resbalosa; genero muy de culto, limitado a una ejecución correcta solamente entre atristas de origen Limeño, sobre todo criollos, mulatos y negros. El Canto de Jarana, es una forma mas hispano o gitana, donde el lamento y la rebeldía son sìnonimos expresivos.
El origen de la zamacueca proviene esencialmente del mestizaje musical-cultural que se dio entre los gitanos y los mulatos que habitaban Lima durante épocas del Virreinato del Perú. La forma corista y el tundete tiene una dulzura de origen Africano; el temperamento, la sàtira y la ejecución de guitarra proviene del lamento Gitano. Su origen se remota a los siglos XVI y XVII en donde esta forma mestiza musical comienza a destacar entre los barrios de clase media baja de los Rímac y las fiestas de los Barrios Altos, los barrios del Callao y los bares ubicados entre los puentes, callejones y balcones limeños.
El ritmo se tocaba principalmente con laúd (antes de convertirse en la actual guitarra)ò arpa, en donde se tamborillaba el ritmo antes de la apariencia del ahora popularmente conocido cajón peruano.
Nota distintiva de la zamacueca, como danza, es que se baila empuñando un pañuelo blanco en la mano derecha (tanto la dama como el varón), el cual es agitado alborotadamente en el aire por sobre la altura de la cabeza. y con movimientos pélvicos heredados de la cultura afro. Los màximos exponentes de dicho baile y forma musical se reunían en la afamada Fiesta de Amancaes. En donde se exponían concursos de platos tìpicos de distintas regiones, Caballo de Paso Peruano y por supuesto música criolla.
Con el pasar de los años la zamacueca llega a Chile, transformándose en la cueca chilena. Desde Chile pasó a Argentina, donde se convertirá en sus actuales variantes, la cueca cuyana, norteña, más tarde en zamba y zamba alegre, cabe reafirmar que todas estas son variantes (o sub-géneros) de la Zamacueca peruana.
A lo largo del s. XIX la cueca también llega a Bolivia desde Arequipa (Perú), por un lado, y desde Chile, por el otro. Desde Bolivia llega al noroeste de Argentina, donde se convierte en la cueca norteña.
Luego de la Guerra del Pacífico (entre el Perú y Chile) los peruanos llamaron marinera a la zamacueca de estilo norteño, en honor a la Marina de guerra del Perú. La Marinera denominada como Marinera norteña tiene también una influencia del Tondero, que es anterior a la Zamacueca.

sábado 13 de septiembre de 2008

Nota de Karina Micheletto sobre El Chivo Valladares

Sábado, 13 de Septiembre de 2008
Publicado en Página /12
MURIO EL FOLKLORISTA ROLANDO “CHIVO” VALLADARES

El adiós a un autor necesario

Tenía 90 años y era una suerte de patriarca de la música popular argentina.
Compañero de aventuras del Cuchi Leguizamón y Manuel J. Castilla, compuso “Subo”, “Vidala del lapacho” y “Bajo el sauce solo”, entre otras obras fundamentales del cancionero.


Por Karina Micheletto

A los 90 años, después de pasar diez días internado por un cuadro respiratorio severo, murió en San Miguel de Tucumán Rolando “Chivo” Valladares, finísimo cultor de la vidala, autor necesario del cancionero argentino, compañero de aventuras de gente como Manuel J. Castilla o Gustavo “Cuchi” Leguizamón. Fue el autor de “Bajo el sauce solo”, “Zamba del romero”, “Subo”, “Vidala del lapacho” y “Vidala del último día”, entre otras joyas de folklore; compuso junto a autores como Castilla, Raúl Galán, Néstor Soria y Teuco Castilla, entre otros; también hay unas veinte canciones que tienen su poesía. Llegó a grabar dos discos –que hoy se consiguen como “rarezas” en algún blog de coleccionistas del folklore– y a integrar un trío juvenil de corta duración, pero trascendió en la música, más que como intérprete, como autor de bellas canciones.

Rolando Valladares nació el 10 de marzo de 1918 en San Miguel de Tucumán, en el seno de una familia de profesionales de la que se suponía que debían seguir surgiendo profesionales, aunque marcada fuertemente por la música. Su padre era escribano “pero también poeta, guitarrero y cantor, igual que mi hermano”, aclaraba él. Su hermana, Leda Valladares, también dejó su sello en la música argentina, además de su trabajo como investigadora y compiladora. Sin saber leer y escribir música, Valladares había inventado un intrincado sistema propio para componer, con números que correspondían a las cuerdas y los espacios del diapasón de la guitarra. Pasados los 80 años, quiso saldar esa deuda pendiente y le pidió a un joven músico tucumano, Leopoldo Deza, que le enseñara. De aquellas tardes de solfeo en un aula improvisada surgió la idea de hacer un cancionero que reuniera su obra completa, hasta entonces dispersa y, en muchos casos, no transcripta en partituras. Afortunadamente, Deza llegó a publicar en 2006 el resultado de este arduo trabajo, editado por la Universidad Nacional de Tucumán con el nombre Solo en mi rancho.
A hombres como el Chivo, la muerte les suele traer como premio final diversas formas de reconocimiento público. Con la muerte llega también el lamento por la falta de ese reconocimiento en vida, que por algo en estas tierras se le niega sistemáticamente a la gente importante de verdad.

El Chivo Valladares se reiría de estos lamentos; se reía cuando estaba llegando a los 90 y contaba que la gente se preguntaba “qué sería de su vida”, aludiendo a la muerte sin nombrarla nunca. Se lo sabía una suerte de patriarca que representaba una parte importante de nuestra memoria cultural, una memoria que todavía podía ser asible mientras gente como él viviera para compartirla. Pasó sus últimos años en forma silenciosa, casi anónima, en su casa de pleno centro de Tucumán, con la compañía amorosa de su esposa Nelly y de su hijo Eduardo, cobrando una jubilación mínima, más poco y nada que le llegaba de Sadaic en conceptos de derechos de autor.

Quien escribe estas líneas llegó hace un par de años con su amiga Silvia Majul, en busca de una entrevista que alguna vez formará parte de un libro. Así se dio el encuentro con un hombre que caminaba con dificultad y hablaba muy bajito. Pero que era capaz de recordar con exactitud cómo nacieron sus temas o sus andanzas con Manuel J. Castilla, o detalles de los variados oficios que ejerció, desde cazador y campeón de tiro, hasta herrero y obrero de una fábrica de neumáticos.
Que se medicaba con una ginebrita con soda y hielo, “para subir la presión”. ¿Se siente poco reconocido?, se le preguntó. “Yo no pretendo que me reconozcan”, respondió. “Si analizo la situación, ha habido tantas cosas tan enormes, tan inesperadas, tan transformadoras, que ni siquiera la imaginación del hombre puede abarcarlas. Ha sido tal el batifondo, que no ha habido lugar para muchas cosas, nadie ha advertido los mundos emocionales en un montón de seres. Pero no podría haber sido diferente. Por ejemplo, la bomba atómica. ¿Qué puede importar mi cuestión emocional ante semejante cosa?”

domingo 3 de agosto de 2008

Wichís del Chaco salteño: vivir como hace 300 años

Diario Clarín Edición Martes 09.01.2001
ECONOMIA DE SUBSISTENCIA
Wichís del Chaco salteño: vivir como hace 300 años

Cazan y pescan como única alternativa. Los chicos crecen con la honda colgada al cuello. Pero ahora la zona donde viven cambió para peor y es más difícil sobrevivir. En su dieta figuran las vainas de algarrobo y las iguanas

Por SIBILA CAMPS. Enviada especial a Salta

A la derecha de la arenosa ruta provincial 54, que cruza el norte de Salta hacia Santa Victoria Este, el monte arde en filas parejas que se pierden en el horizonte. Cuando dejen de crepitar los miles de árboles talados quedará un cementerio de cenizas, como en el campo que se ve más adelante, listo para que hagan su tarea tractores y arados. "En esos desmontes murieron unas treinta corzuelas por día", afirma Francisco Pérez, cacique de Cañaveral. Menos carne para los 6.500 indígenas del Chaco salteño, en su mayoría wichís. Menos algarroba para aguantar la temporada seca.
"Para las artesanías sólo usamos los árboles viejos, lo mismo que para el carbón", acota. Seguirán tirando las comunidades cercanas a la ribera del Pilcomayo, adonde los hombres van a pescar para su gente, y para vender a las 400 familias de criollos asentadas en su territorio. Las montaraces, en cambio, comerán cada vez más salteado.
Raramente pasa un vehículo por las sinuosas picadas que rasguñan el monte. A lo sumo las bicicletas de los maestros, rumbo a las comunidades que tienen escuela primaria. Por ahí no entraron más ladrillos que los que sostienen los templos evangelistas y algún salón comunitario. Por ahí no pasaron postes de electricidad ni cañerías para el agua potable. Por ahí llegan vacunas, pero no equipos para fumigar las chozas y mantener a raya a las vinchucas.
Por ahí tampoco salen animales para faenar, ni verduras en cajones: tal vez haya agua —generalmente contaminada—, pero no semillas. Sin programas de promoción social, los wichís continúan siendo los cazadores y recolectores que eran hace tres siglos, pero con el agravante de que su hábitat ya no es el mismo.
Los chicos crecen con la honda colgada al cuello. Su buena puntería con los plumíferos se hará masticable. Cuando sean grandes lanzarán un silbido suave a los perros huesudos y, pala al hombro, se meterán en el monte a mariscar. Si tienen suerte, los perros sitiarán en su cueva a una mulita o un lagarto. El animal desenterrado irá a parar a la olla, apenas con agua y sal.
"Con las iguanas nos controlamos: con una nomás por día alcanza", asegura Reynaldo, de Cañaveral. Y si la caza viene floja —algo cada vez más frecuente, a causa de la tala clandestina—, habrá que manotear el pescuezo de alguno de los pollos o de los chivos que deambulan por la aldea. "Pagan 10 pesos por oveja o cabra: preferimos comer, y no vender", explica el cacique.
Pronto habrá algarroba y, por lo tanto, menos desnutridos. Los chicos que corretean descalzos sobre el estiércol de cabras y chanchos ya están mordisqueando las vainas dulzonas, aún verdes. Con un cuchillo mocho, un hombre ahueca un mortero de palo santo. Allí echarán las semillas secas, para molerlas y guardar la harina en tinajas. Servirá para mezclar con agua y ajo, o para hacer tortillas fritas.
Una mujer limpia un bagre. Un anfiteatro de perros, gatos y gallinas se desarma en rebatiña cada vez que cae una víscera. La dieta se completa con frutos de chañar y de mistol. Si las lluvias no se atrasan, en el cerco colectivo se siembra zapallo, papa, batata y sandía. Cuando se consiguen semillas, también maíz y soja. Más no se puede hacer, con un solo tractor sin rastra para todas las comunidades, y sin modo de regar.
"Estamos protestando porque no tenemos agua. Apenas un pocito poco profundo, que está contaminado —se queja el cacique de Santa María, Domingo Pérez—. Cuando la época del cólera nos proveían de pastillas potabilizadoras, pero ahora no. A veces la gente se enferma de diarrea. Algunos se han muerto."
En agosto, el Gobierno provincial giró a la Municipalidad de Santa Victoria Este 74.900 pesos para construir la red de distribución de agua. "Pero la Municipalidad quiere poner un tanque y un solo grifo para toda la comunidad. Esto nos va a traer problemas, con tanta gente, tanto calor —denuncia el agente sanitario Darío Torres—. En La Puntana, con 72.000 pesos, una empresa puso grifo a todas las casas. Pero aquí, el intendente se cierra con que la plata no alcanza."
Los seis enfermeros distribuidos en los puestos sanitarios se encuentran con hechos consumados, que la grave deserción escolar impide reducir. Y los indígenas no son estimulados a acercarse al hospital de Santa Victoria Este, cuyos tres médicos —todos varones— van poco a visitarlos y no hablan en idioma, sino sólo en castilla.
Al pueblo únicamente se arriman —cuando se enteran de que llegaron forasteros— algunos de los hábiles artesanos que abundan en las comunidades. No hay mujer que no sepa hacer llica, el primitivo tejido con fibra de cháguar con el que trenzan bolsos, cintos, pájaros, redes de pesca y hamacas. Pero la falta de salida desalienta a los hombres que, a medida que se desafilan las gubias y se alisan las escofinas, van dejando de tallar animalitos y utensilios.
Al pueblo van, además, los que consiguieron alguna changa. "La Municipalidad empleó a algunos de nuestros paisanos, pero les pagan 10 pesos por cavar 18 metros de zanja, y con vales de mercadería", señala el agente sanitario.
"Lo que nos queda es tomar alguna medida, porque nos están faltando el respeto —se indigna Torres—. Vienen para las elecciones; pero cuando los llamamos para encontrar una solución, no aparecen. Como no es el cuerpo de ellos el que está expuesto al sol y a recibir cualquier enfermedad..."
Con los dedos mugrientos, un chiquito caranchea el pescado ensartado en una rama, que se dora en el fogón. Un perro pila malinterpreta al fotógrafo que, rodilla en tierra, registra lo que será el almuerzo, y le pega un tarascón en el tobillo. El reloj que nadie tiene marca las cinco de la tarde. Francisco Pérez justifica: "Se come cuando hay comida."

sábado 26 de julio de 2008

Los Huayra en el ND Ateneo- 25/07/08

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